Há imenso tempo que não dou espaço do meu dia para escrever no blog e, ultimamente, estive a pensar que, considerando que o meu blog chama-se Mãe em Portunhol e o meu idioma é o castelhano, faz sentido intercalar posts nos dois idiomas. Dá-me outra fluidez quando escrevo não ter que pensar tudo tanto.
É por isso que hoje vou escrever as próximas linhas no meu idioma natal.

Hace unos días estuve leyendo un artículo sobre la soledad de la maternidad, donde explicaba cómo hoy en día las madres no cuentan con el apoyo de una comunidad, viven todo muy solas, con toda la crianza a cuestas más un sin fin de quehaceres.
Estamos hablando sobre todo de aquellas madres que deciden estar presentes a tiempo completo durante algunos años. Las que vuelven al trabajo a los 5 o 6 meses no tienen esa sensación porque saben que pronto vuelven a su rutina y el tiempo se les pasa volando.
Si ya es un desafio dedicar los primeros años a los hijos (incluso algunas intentando trabajar en los pocos momentos disponibles), se suma otra situación a la madre inmigrante.
Una mujer que se fué de su país, normalmente, no cuenta con el apoyo de su madre, de sus amigas de toda la vida, de hermanos u otros familiares. Si ya, de por si, la maternidade se vive de una forma solitaria, en estos casos se le adiciona el estar fuera de su entorno y de sus raíces. Fuera de sus referencias de siempre, de sus costumbres.
La madre a tiempo completo que es inmigrante suele pasar por épocas muy complicadas, de desequilibrio emocional y psicológico. Ya me es conocida la frase “a veces pienso que me voy a volver loca”.
Ayer hablaba con una amiga que está en esta situación y me pintaba este cuadro, que conozco bien porque ya fui esa madre, y me solidarizo tanto con aquellas que deciden quedarse en casa con los hijos porque sienten que es lo mejor, que no se identifican con el modelo de guardería a los 6 meses.
La madre inmigrante pasa 24 horas con un niño, sin oportunidades de tener tiempo para si misma o de compartir momentos con su gente de toda la vida, lo que les daría un apoyo emocional enorme,  y todavia se las mira com cara de “ama de casa que no hace nada”.
Mi experiencia me dice que cuando perdemos el contacto con nuestras raíces, costumbres, idioma, nuestra gente, empezamos a perder la noción de quién somos. No sabemos adónde ir a buscar esas referencias que, quien vive en su país, las tiene siempre presentes.
Si conoces una madre inmigrante, antes de ponerle una etiqueta, ponte en su lugar, extiéndele la mano, invítale un café y si además pudieras quedarte un ratito con su hijo para que ella haga lo que necesite, te aseguro que te lo va a agradecer para siempre.

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